Mi primer piano eléctrico de escenario —¡chispas!— acaba de llegar a casa, el Roland RD-170 (casualmente el día de Santa Cecilia). Sí, es el primero, ya que había tenido órganos, teclados y un piano de pared, pero no uno de este estilo, que tratan de imitar la pulsación de un piano en un teclado portátil y poco pesado de 88 teclas (no la imitan a la perfección, pero se va progresando). Como es casi imposible poder probar pianos porque las tiendas sólo tienen un par de ellos de muestra (o ninguno, como por aquí), me decanté por comprarlo de segunda mano, porque para no poder probarlo prefería gastar menos. El RD170 está muy bien pero no es ninguna virguería —un tacto más blando de lo que pensaba— aunque confío en que cumpla su función y que me anime a volver a tocar, a ser posible más que nunca (ahora no tengo la excusa de molestar a los vecinos). También tengo mucho más material para practicar y progresar, como varios volúmenes de la magnífica colección de Jazz de Aebersold. Puede que más adelante hasta me decida a ir grabando alguna cosilla para vosotros. Ya veremos.

