El título de esta anotación es el final de un estupendo chiste de los que contaba el gran Eugenio, un desenlace inevitable después de una conversación cansina por no haber dicho la palabra correcta desde el principio. Hace poco escuché -alucinado- a una sexóloga utilizando la palabra «culete» en un programa para referirse al culo (y con la risilla tonta incluída), pero curiosamente su discurso estaba adornado con expresiones del tipo «penetración anal» y otras palabras como «pene», «vagina», etc. De locos. Nunca entenderé cómo es posible que cueste tanto decir «culo». Culo. Culo. Culo; si es que hasta resulta una palabra bonita que nos llena decirla, sobre todo cuando vemos uno que nos gusta. Por favor, no utilicemos eufemismos estúpidos (culete, pompis -aggg-, trasero) para referirse a una parte tan digna, tan útil, tan querida y tan apreciada de nuestro cuerpo. Hay que decirlo, aunque sea porque nos sale del culo.

