Beijing 2008: medalla de plata dorada en baloncesto
24 años después, la selección española de baloncesto ha vuelto a conseguir la medalla de plata olímpica. Pero la sensación no ha sido la misma; si entonces apenas había posibilidad de ganar, en esta ocasión pudimos hacerlo sin problemas. Llevo unos días diciéndole a los allegados incrédulos que estamos al mismo nivel que los americanos, que los resultados de los anteriores partidos no eran fieles a la realidad, como en el último, en el que nuestros jugadores no se jugaban nada y renunciaron a pelear para no desgastarse. Creo que esta final me ha dado la razón con creces.
Yo madrugué como nunca porque sabía que podíamos ganar, que había que jugar el partido para conseguir la medalla (aunque haya deportistas que crean que deberían darles el oro sin competir). Y que conste que el abultado resultado no reflejó la diferencia real de puntos que se mantuvo casi todo el partido, sobre todo si recordamos los innumerables “pasos” que no se señararon, las dos técnicas que nos pitaron al final del partido y que España, con Calderón lesionado, tuvo que jugar sin base en algunas ocasiones. Pero los nuestros han jugado un gran partido, por eso estoy muy orgulloso de ellos.
No entiendo por qué la gente es tan desconfiada cuando tenemos una selección de baloncesto que, además de su enorme calidad demostrada día a día, es la actual campeona del mundo, por si alguien no lo recuerda. Y lo más importante, que el baloncesto español es un engranaje que sigue funcionando; el mejor ejemplo es Ricky Rubio, que con 17 años es ya un extraordinario jugador que llegará muy lejos. La muestra más clara de nuestra progresión es que hemos pasado de tener un americano en los equipos españoles, a que los americanos tengan un español en los suyos. Ahí es nada.
(Foto de ElMundo.es)


